A veces nuestros ojos no son suficientes para ver.
Somos miopes.
Y son miopías que no se curan con gafas.
Hacen falta ojos de repuesto.
Los libros, los amigos o la planta del balcón.
Ojos de repuesto… para cuando no sabemos mirar, ni mirarnos.
Porque, además de ojos, pueden ser espejos donde encontrarse.
En el mejor de los casos, sin miedo.